Un Peruano perdido en Europa

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manuel glorioso Ocampo Portocarrero
Si me pagaran por vivir, ahora seria multimillonario. ¡Vaya filosofía! De donde vengo y a donde voy, es lo mismo. Soy Limeño, serrano, selvático...Soy una persona. Recomendación: mis poemas son ilegibles; ¡No lo lean! Es que predican la justicia. ¿Cómo soy? Soy un pituso y de los que ya no existen. Mi arenga es que el que tiene malas pulgas, que se bañe con agua fría. La vida es para ser feliz, no la desperdicies en vanas ideas locas. Y si te portas mal invítame, que no conozco ese Mundo. Una invitación: No vivas de lo que dicen, vive de lo que tú piensas. No existen metas imposibles de conquistar, solo existen tropiezos y donde se tiene que saber levantar la cabeza hacia donde se quiere llegar.
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Un rincon para ser feliz

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domingo 7 de junio de 2009

Ella la del Atlantico


Ella, si ella fue la que me inspiró a crear, a ver mis ideas con el corazón, a alumbrar mi noche oscura, a poner en marcha una batería de pensamientos al papel.
Recuerdo la noche, oscura, iluminada por miles de luciérnagas a la distancia, que luego fueron ventanas, y postes de luz. La linea blanca, dividía mi vehículo en dos; mientras el viento soplaba a mis lados, lo sentía.
Salí a pescar. ¡Qué loco diría uno que desconoce de la pesca!
Pero es que los pescados comen de noche y los más grandes. Pero en fin. Lo que más me reconfortó es el saberme querido. La brisa al abrir la ventanilla del coche, acarició mis mejillas y creo un ósculo sentir en ellas. El amor es así. Era la brisa enamorada. El viento de la noche, muy jugetona.
Cuando llegué al castillo, sin torres, las olas no decían nada. La quietud era total. Las linternas a ratos a las orillas anunciaban a un posible pescador, paseante, enamorado, fantasma, no lo se..., llegué hasta donde mis cuatro ruedas lo permitían, bajé, saqué de la guantera la caña de pescar, la comida de los peces, y con mi carga sobre los hombros caminé rumbo al mar.
Sentado en una piedra intenté mirar allá donde mi vista podría llegar, ¡Imposible!
Coloque la carnada y listo, tiro al fondo, luego esperar que jalé el pez la caña. Mientras, esperaba sentí la presencia de ella, si ella la que abrió mi mente, ¿Lo recuerdan ?
Giré la vista, no había nadie. No estaba solo. Un presentimiento profundo galopaba en mi ser. Ella vigilaba mis pasos, mis movimientos, hasta mi forma de poner la carnada en el anzuelo..., ella estaba allí.